Aunque tu vida es tuya, no es gratis.

Aunque tu vida es tuya, no es gratis.



Uno es lo que es hoy como consecuencia de las decisiones que tomó ayer, decía Virginia Satir. Por consiguiente si quiero ser una persona diferente mañana, añado yo, he de vigilar las decisiones que tomo hoy.



Cada decisión es el resultado de cómo manejamos nuestras creencias que dan paso a nuestros hábitos y comportamientos. Uno no cambia si no gana nada con ello, es cierto, por eso es interesante que nos entrenemos en visualizar un futuro mejor para emprender las mejoras ahora en el presente. Como los deportistas que visualizan como alcanzar su próximo record.



Claro que hay quien es ciego porque no quiere ver, (y menos visualizar). Por ejemplo, en cierta ocasión a un hombre que jugaba mucho al terrorismo emocional , que llevaba siempre cargadas sus armas de destrucción masiva y que disparaba con mucha frecuencia, sobre todo contra las personas que más le querían, le oí decir, que para qué iba a cambiar, que solamente lo haría cuando supiera con certeza lo que iba a ganar con ello.



Esa respuesta me llamó la atención sobre todo cuando presté atención a las presuposiciones que de ahí se desprendían:



a) Si no veía lo que iba a ganar con el cambio quiere decir que estando como estaba ganaba más.(Aunque sufriera con ello, e hiciera sufrir a los suyos)



b) Si tanto estaba ganando sin cambiar quiere decir que las personas que sufrían sus arrebatos le facilitaban eso que estaba obteniendo, tolerando y consentiendo que se mantuviera con su actitud de humillación y sometimiento contra ellas mismas.

Esto me llevó a una conclusión: cuando las personas consentimos que los otros se pasen de rosca con nosotros, no solamente contribuimos al problema sino que formamos parte del problema.

Y yo me pregunto ¿a quién le gusta formar parte de problema alguno? ¡Es absurdo!!!. Entre otras cosas porque si uno forma parte de algún problema puede ser la diana de otros muchos. ¡Puafff!!. Aunque ciertamente hay gente que prefieren ser problema a ser ignorados...haberlos, haylos.



Así pues, la vida nos pertenece, aunque hemos de ganarla , y claro para ganar algo ese algo ha de ser muy valioso ¿no?, entonces, es a lo que voy, hemos de hacer que nuestra vida sea valiosa, pues el hecho de que nos pertenezca no significa que sea gratuita, -que no valga nada-, por consiguiente hay que estar revalorizándola continuamente. ¿Cómo?, dando lo mejor de uno mismo en la medida que uno decida dar, esa medida la pone cadacual en función de lo comprometido que está con su propia vida.



Damos lo mejor de nosotros mismos cuando afrontamos desafíos y proponerse cambiar para ser mejor persona y hacer que tu vida funcione como la mejor vida que uno puede desear, es uno de los más importantes. Hablar de cambio es promoverlo, y callar el problema es conformismo. Dicen que todos quieren el cambio pero que nadie quiere cambiar, no se llega a entender que pudiendo llegar a ser un duro trabajo, y tal vez por eso, da un sin fin de satisfacciones, pues partiendo de su propia realidad, tal vez un poco precaria, uno consigue con sus sueños, sus deseos y esperanzas todo lo que le ennoblece y dignifica que es dignificar a las personas que le rodean y le quieren bien. No hay limitaciones porque hay soluciones para salvarlas.



Todo lo que está bien es susceptible de mejora y para conseguir una vida de la cual uno se sientas orgullos@ de vivir hay que saber decir "no" a lo bueno para decir "si" a lo mejor. ¿Para qué conformarse con menos???



Trata a un hombre como lo que es y lo seguirá siendo, trátalo como puede llegar a ser y lo será, dice el filósofo, empezando por uno mismo, añado.



María A.Clavel





























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martes, 25 de mayo de 2010

FÁBULA DEL TONTO.
Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso. Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
- Lo sé señor, hasta ahí llego..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguecito se acaba y no voy a ganar más monedas.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
1ª Quien parece tonto, no siempre lo es.
2ª ¿Cuáles son los verdaderos tontos de la historia?
3ª Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos .
4ª Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

MORALEJA "El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente"

miércoles, 10 de marzo de 2010

La Culpa (¿?)

Uno de los sentimientos más corrosivos y virulentos que las personas pueden llegar a cultivar es el de la Culpa. Si hubo alguna vez un tiempo en que cada cual sabía que equivocarse significaba aprender y superarse a si mismo y que confiar en uno mismo y en los demás era vital para construir algo juntos, que resultaba apasionante investigar, explorar, y experimentar nuevas maneras de hacer las cosas, arriesgándose a equivocarse, se evaporó; y todavía no se ha encontrado explicación alguna a este cambio tan espeluznante, de cómo poco a poco aquella sociedad,-hoy considerada como una utopía-, devino en algo tan complicado, difícil y advenedizo como la que conocemos en la actualidad, en la que todos culpamos a otros porque el mundo no es como debería ser, según nosotros, claro, creándonos estados de angustia y ansiedad ante la incertidumbre de conseguir una vida que valga la pena ser vivida.
El invento fue todo un éxito, pronto los humanos aprendieron de los “deberías”, los “tienes que” y otras perlas que los tiranos, mediante la culpa, consiguieron implantar la cultura del miedo a las gentes y así fue como la cultura del pensamiento libre y respetuoso desapareció llenando el mundo de culpables.
Sea como fuere resulta muy curioso cómo la culpa ha llegado a ser una artilugio de tortura hasta llegar a convertido en el deporte estrella de nuestra sociedad, que incluso se practica dentro de los mismísimos "sagrados espacios" a veces frecuentados por "nuestros" políticos y sus secuaces. Comparado con él, el fútbol no tiene nada que hacer, y eso son palabras mayores. Lo más curioso es que nadie ha visto jamás ni una sola culpa en su vida y pese a que la ciencia no ha encontrado ni rastro de su ADN, ni tampoco en el genoma humano, todos creen fervientemente en ella y la gente la sigue utilizando como herramienta de manipulación y sometimiento. Arte por excelencia que el ser humano utiliza para humillar al ser humano. ¡Qué bonito!
Todo esto da que pensar, porque, al contrario de otras posesiones que dan prestigio, como coches, mansiones, trajes y bolsos, la culpa da prestigio a quien no la tiene. Entonces, digo yo, que si no tener culpa da prestigio, lo mejor es no tomarla, así se evita uno encontrarse con la vergüenza de tener que librarse de ella “colgándosela” a los demás, léase el sistema, el gobierno, el jefe, el vecino, la familia, el marido, la esposa, los hijos, el perro o el canario. Eso, además de resultar aburrido, -todo el mundo juega a lo mismo y de la misma manera -, es muy delatador, le pone a uno en evidencia, le desprestigia, porque al pasar la culpa a los demás es señal inequívoca de que la ha tenido consigo anteriormente y la está repudiando.
En mi opinión, por mucha tradición que sea, no es nada rentable utilizar algo tan retorcido como la culpa, pues las somatizaciones que se derivan de ella son terriblemente dolorosas por la rabia, resentimiento y remordimiento acumulados. Porque la culpa no es saludable ni recomendable fuera del contexto que compete solamente a los rituales de los jueces. Otra cosa, sin embargo, es la responsabilidad, y que según la RAE define a ambas como:
Culpa: falta más o menos grave cometida voluntariamente, con intención de hacer daño a terceros.
Responsabilidad: de Respondere/Responsum = responder/respuesta. Y de Habilitatem= acierto, destreza, diplomacia, discreción, ingenio, maestría, pericia, sagacidad, soltura, tacto. Así pues si Responsabilidad es la Habilidad de Respuesta, una persona responsable es aquélla que sabe dar respuestas con acierto, destreza, diplomacia, discreción, ingenio, maestría, pericia, sagacidad, soltura, tacto.
Según estas definiciones, mientras que la culpa esclaviza, la responsabilidad hace libres a las personas. ¿No es fantástico este descubrimiento? Mientras que la culpa es un sentimiento como consecuencia de la frustración e intolerancia, de la responsabilidad emerge el sentimiento de ser honesto, de saber que la libertad tiene un precio y se está dispuesto a pagar por ella. Las personas responsables saben que lo que se siente profundamente tiene el poder de cambiarlos y no necesitan pasar a otros sus responsabilidades ni tampoco asumen las que no les competen.
También asumen el riesgo de ser perseguidos o, en el mejor de los casos, olvidados por los que ejercen la manipulación con la culpa, pero lo prefieren a la esclavitud que ello les supondría si no lo fueran.
Con lo dicho no resulta difícil determinar cual de los dos modelos de persona, culpatriz y responsable, está más expuesta al estrés y a las enfermedades, además de correr el riesgo de sentirse más desdichada e infeliz. Si pudieras elegir, ¿con cuál de los dos grupos querrías que se te asociaran? ¿Te imaginas un mundo sin culpables y lleno de personas responsable? ¿Tú que harías?¿Cómo querrías que la gente te reconociera como culpatriz o como responsable?, ¿con qué club quieres que se te identifique? Es cuestión de preferencias, tú eliges.

jueves, 4 de febrero de 2010

La Ecología Emocional

Durante algún tiempo se ha estado hablando mucho sobre La Inteligencia Emocional, como si de repente hubieramos descubierto que somos seres emocionales y tuvieramos que excusarnos con ser también inteligentes. Y está bien, todo lo que nos facilite el autodescubrimiento es bueno, y todo lo que nos ayude a aceptar lo que vamos descubriendo de nosotros mismos, está mejor, porque nos permite transformar lo que no nos gusta hasta que logremos cambiarlo por algo mucho más útil y satisfactorio.

Nuestras emociones se pueden comparar con el movimiento de las mareas: se aquietan, se retiran y se agitan y crecen constantemente. Cuando están agitadas decimos que son negativas, porque nos descolocan, estamos “fuera de si”, perdemos el control y ellas son las que nos controlan a nosotros. Eso es un tanto íncomodo, aunque tampoco tranquiliza demasiado tanta quietud y ausencia emocional, da miedo.

Aunque si lo piensas bien lo de emociones positivas o negativas sólo adquiere sentido en virtud de las consecuencias que conlleva lo que nosotros decidamos hacer con ellas. Por ejemplo, te puedes ver ante la posible situación de que una rueda de tu coche se ha pinchado y acto seguido te lías a patadas con la estúpida rueda, aunque también tienes la opción de serenarte cuanto antes y, pese al contratiempo, ponerte a la tarea de cambiar la rueda. Cambiarla la has de cambiar igualmente, entonces ¿qué resulta más útil y conveniente para ti, hacerlo después de destrozarte los pies o antes de llegar a eso? La frustración emerge genuinamente de ti, la violencia es lo que tu eliges hacer con lo que emergió de ti. Uno puede sentirse triste por una pérdida, es una reacción natural, la posible depresión posterior es una elección que se puede evitar. Y así con cada una de las emociones que nos hacen sentir desdichados.

Estudios realizados por los neurocientíficos encontraron la relación fisiológica entre las emociones y la actividad cerebral en forma de pensamientos, por medio de los neurotransmisores, y que llegaron a la conclusión de que sentimos según como pensamos; eso significa que si nos fijamos en las cosas qué pensamos y las cambiamos por otras para sentirnos emocionalmente mejor, llegaremos a sentirnos mejor, porque si el pensamiento cambia, nuestras emociones cambian con él. Ser optimista no soluciona gran cosa pero ser pesimistas es un verdadero engorro además de un gran obstáculo. Hay tantas posibilidades de que algo salga bien como de que salga mal, pero si nos entretenemos, nos enredamos, en esto último seguro que ya estamos derrotados de antemano.

Somos la única especie capaz de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y sentimos. Si estamos enfadados o deprimidos nuestro sistema inmunológico se debilita por estar liberando las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés. Por el contrario, si nos serenamos, se fortalece. La alegría y el sentido del humor activa nuestra corriente sanguínea agilizando sus funciones hasta el punto más recóndito de nuestro ser, y sobre todo mantener los “malos” pensamientos a raya, de tal modo que incluso el proceso de envejecimiento puede ser ralentizado. Tu cuerpo es hoy como consecuencia de lo que pensabas y sentías ayer, si quieres estar mucho mejor mañana, sería conveniente que hicieras algunos reajustes en tu forma de pensar y sentir hoy. Tal vez, después de todo, en eso consista el elixir de la eterna juventud. ¿Por qué no intentarlo?.

“El principio es la mitad del todo”, dijo nuestro amigo Pitágoras. ¿Y qué tiene que ver Pitágoras en mis emociones?, te preguntarás.

Si algo he aprendido en lo que llevo de vida es que uno es su propia herramienta con la que construye su propia vida. Aunque los demás están ahí para que tú te reconozcas a través de ellos, es un error pensar que están para hacer el trabajo que sólo a ti te corresponde hacer. La necesidad viene de ti mismo, tú eres la causa y el efecto de cuanto te acontece, tú eres el principio de todo lo que emana de ti, de todo aquello que te conecta contigo mismo y con el mundo.

Creer en los demás resulta hasta fácil, pero creer en uno mismo es un auténtico desafío, aunque considero que es la tarea que más satisfacciones te puede aportar. Por eso ocuparte del principio (de ti) supone que la mitad del trabajo ya lo tienes hecho. Cuidar de ti, ocuparte de reconocer lo que sientes y no de lo que deberías de sentir.

Nuestros estados emocionales son como las señales de tráfico que nos indican que prestemos atención al camino que estamos recorriendo, es tan peligroso ignorarlas como estamparse contra ellas. Cuanto mejor funciones emocionalmente, mejor funcionará tu vida. Esto te aportará una vida emocional ecológica en la que día a día aprenderás a ser más flexible, incluso tendrás más sentido del humor a cerca de ti mismo y de los demás y mirarás el futuro más esperanzado y motivado.

Si tenía ocho horas para talar un árbol, pasé seis afilando mi hacha. A.Lincoln

jueves, 31 de diciembre de 2009

Algunos persiguen la felicidad; otros la crean.

El sabio y el escorpión.

Iban paseando por la orilla de un rio dos monjes orientales, en silencio y atentos a sus meditaciones respectivas, cuando el más joven vió cómo un pequeño escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo tomó con su mano el escorpión le picó.
Como reacción natural ,el joven monje gritó al tiempo que lo soltó, sacando de su meditación al otro monje, quien lo observó y continuó meditando en silencio.
El animal volvió a caer al agua y de nuevo estaba en peligro de ahogarse, cuando nuevamente el joven monje intentó sacarlo otra vez con la mano desnuda, y otra vez el escorpión le picó.
En esta ocasión, y habiendo oído nuevamente el grito de su hermano, el monje anciano le dijo: Pero hombre bendito ¿Cómo se te ocurre coger así a un escorpión?, siempre te picará cuando lo hagas, su naturaleza es picar.
El joven monje, dolido y humillado respondió: "De acuerdo que la naturaleza del escorpión es picar, pero eso no cambia la mía, que es salvarle".
A lo que el anciano monje le replicó: "No te estoy diciendo que renuncies a tu naturaleza, sólo te estoy diciendo que te protejas".
Y entonces, ayudándose de una hoja y con mucho cuidado el joven monje sacó el animalito del agua y le salvó la vida.
Es bueno saber cual es tú naturaleza y la naturaleza del otro, y no cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones.
El ayudar a otros empieza por ayudarte a ti mismo para que esa ayuda sea eccológica para ambos, los dos han de sentirse bien. La ayuda no sirve cuando alguien ha de salir dañado.
Comportarse generosamente con alguien no es garantía de que ese alguien te trate con gratitud, pero al menos tú te sientes bien contigo mismo. Si buscas gratitud ya no te comportas tan generosamente como pensabas.
Y por otro lado...¿quién dice que el escorpión al picarle no le estaba dando las gracias al monje a su manera?.Lo que para unos es un comportamiento horrible, para otros puede ser un acto digno.
¿Quién juzga eso?.La vara de medir sólo está en lo que queremos para nosotros, diferenciar lo que nos es válido de lo que no nos lo es, en virtud de cómo queremos vivir nuestra vida. Cada paso que damos, ¿nos hace más felices o más desgraciados? ¿Ayudo a los demás porque es lo "se debe hacer" y me lanzo al vacío sin paracaídas, porque, como ayudo (leáse soy buena) Dios me protegerá, o ayudo a los demás tomando plena conciencia de quiero correr el riesgo sabiendo hasta dónde estoy dispuesto a arriesgarme teniendo presente mis capacidades para cuidar de mi mismo en cualquier momento?. Cuidar de uno mismo es un derecho y una obligación, es un acto de respeto por tu propia existencia, es el primer paso hacia el autodescubrimiento.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La historia de un pescado

Gregory Bateson estuvo varios años estudiando los patrones de comunicación de las marsopas y los delfines. Él registró que, para complementar sus estudios, el centro de estudios con el que él estaba relacionado, con frecuencia organizaba presentaciones para el público al vivo usando los animales que estaban siendo estudiados, a veces hasta tres veces por día.
Los investigadores decidieron demostrar al público el proceso como ellos entrenaban un delfín para hacer el truco:
Un delfín era llevado desde un tanque de espera a un tanque de presentación frente al público. El entrenador se esperaba a que el delfín tuviera un comportamiento fácil de notar por el público, así como, por ejemplo, levantar la cabeza fuera del agua y mantenerla así durante unos minutos. Entonces el entrenador tocaba el silbato y le daba un pescado al delfín. Después de esto el entrenador esperaba hasta que el delfín repetía la hazaña, tocaba nuevamente el silbato y le obsequiaba con otro pescado. Rápidamente el delfín aprendía lo que tenía que hacer para conseguir su premio y seguía repitiendo su comportamiento para lograrlo.
Más tarde, el delfín estuvo esperando dos horas en el tanque de espera, para volver nuevamente al tanque de presentación. Naturalmente, empezó a repetir su habilidad de mantener erguida su cabeza fuera del agua como hizo la primera vez y esperó el sonido del silbato y el pescado..., pero el entrenador tenía otros planes para él, quería que el delfín enseñara un truco nuevo al público.
Pasados casi los dos tercios del tiempo de exhibición ante el público repitiendo el mismo truco varias veces, el delfín, finalmente, sintiéndose frustrado meneó su cola. El entrenador inmediatamente tocó el silbato y le arrojó un pescado. El delfín sorprendido y un tanto confundido meneó de nuevo la cola, siendo premiado dos veces consecutivas y demostrando con éxito de nuevo su capacidad de aprender.
En la tercera sesión, después de dos horas de espera y siendo llevado de nuevo al tanque de presentación, el delfín el delfín comenzó a mover la cola obedientemente tal y como había aprendido en la sesión anterior; y como fuere que el entrenador insistía en querer que aprendiera algo nuevo, no le silbó y no le dio pescado alguno.
Nuevamente el delfín se pasó casi los dos tercios del tiempo de exhibición repitiendo el meneo de la cola con una frustración creciente, hasta que estando totalmente impaciente, hizo algo diferente, como un giro. . El entrenador inmediatamente tocó el silbato y le arrojó un pescado. Pasado un tiempo prudencial, el delfín aprendió con éxito girar sobre su eje frente al público y fue devuelto a su estante de espera.
Durante catorce representaciones el delfín repitió ese modelo: el primero de los dos tercios de la presentación se utilizaba en repeticiones fútiles de comportamientos que fueron reforzados en la presentación anterior hasta que casi “por accidente”, él efectuaba un cambio obvio de comportamiento y fue capaz de completar con éxito la demostración de su entrenamiento.
Al delfín esto le suponía sentirse cada vez más perturbado y frustrado en cada presentación, en cada “equivocación”, sin embargo el entrenado consideró necesario romper las reglas del contexto durante el entrenamiento y darle de vez en cuando un pescado “sin merecerlo” para mantener su relación con el delfín, pues de lo contrario si el grado de frustración del delfín fuera límite éste podría negarse a cooperar con el entrenador repercutiendo negativamente en el proceso de la investigación.
Buena parte de las teorías de aprendizaje y motivación se basan en el paradigma “arco-reflejo”, recibimos un estímulo sensorial, que provoca alguna respuesta, que ulteriormente puede ser reforzada positiva o negativamente., (premio/castigo) como todas las demás experiencias de nuestra vida, tiene una estructura mental interna.
Finalmente, entre la décima cuarta y la décima quinta sesión, el delfín parecía prácticamente salvaje con la excitación que le suponía la experiencia, como si de pronto hubiera descubierto una mina de oro. Cuando fue llevado al tanque de presentación para el décimo quinto espectáculo, inició actividades más elaboradas, incluidas ocho comportamientos distintos a los específicos del entrenamiento, cuatro de las cuales nunca antes habían sido observadas en esa especie.

Los elementos importantes de esta historia son:

1. El delfín tuvo que aprender una nueva serie de comportamientos en oposición a un comportamiento en particular.
2. Las peculiaridades del comportamiento fueron determinadas por el delfín y no por el entrenador. Ya que la principal tarea de éste era la de controlar el contexto de manera que el delfín realizara nuevas proezas.
3. El aprendizaje problema era el contexto y sus peculiaridades: el tanque de presentación. (el escenario).
4. El silbato no era un estímulo específico para activar una respuesta peculiar, sino un mensaje al delfín sobre alguna cosa que ya había hecho.
5. El pescado que se le daba al delfín suponía más un refuerzo en la relación entrenador/delfín que un “premio” en sí mismo, ya que era evidente que como tal resultaba proporcionalmente inferior al esfuerzo para conseguir un comportamiento en particular cada vez.
6. Si el entrenador no estuviese sensible a esta relación y no hubiera tomado las actitudes necesarias para mantenerla, la experiencia podría haber sido un fracaso.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La Salud Emocional

En ocasiones anteriores, cuando desde estas líneas hablábamos de La Inteligencia Emocional, ya dijimos que mientras las emociones negativas nos llevan a sentirnos desgraciados, haciéndonos daño y a dañar a otras personas, las positivas, nos hacen más fuertes y capaces, apoyando a que los demás también lo sean de igual modo.
En realidad lo de positivas o negativas sólo era una manera de diferenciarlas en virtud de las consecuencias que conlleva lo que nosotros decidamos hacer con ellas.
Por ejemplo, te puedes ver ante la posible situación de que una rueda de tu coche se ha pinchado y acto seguido te lías a patadas con la estúpida rueda, aunque también tienes la opción de serenarte cuanto antes y, pese al contratiempo, ponerte a la tarea de cambiar la rueda. Cambiarla la has de cambiar igualmente, pero ¿qué resulta más útil y conveniente para ti, hacerlo después de destrozarte los pies o antes de llegar a eso? La frustración emerge genuinamente de ti, la violencia es lo que tu eliges hacer con lo que emergió de ti. Uno puede sentirse triste por una pérdida, es una reacción natural, la posible depresión posterior es una elección que se puede evitar. Y así con cada una de las emociones que nos hacen sentir desdichados.
También dijimos en otras ocasiones que los estudios realizados por los neurocientíficos se encontró la relación fisiológica entre las emociones y la actividad cerebral -en forma de pensamientos- por medio de los neurotransmisores, y que llegaron a la conclusión de que sentimos según como pensamos; eso significa que si nos fijamos en las cosas qué pensamos y las cambiamos por otras para sentirnos emocionalmente mejor, llegaremos a sentirnos mejor, porque si el pensamiento cambia, nuestras emociones cambian con él. Ser optimista no soluciona gran cosa pero ser pesimistas es un verdadero obstáculo. Hay tantas posibilidades de que algo salga bien como de que salga mal, pero si nos entretenemos en esto último seguro que ya estamos derrotados de antemano.
Somos la única especie capaz de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y sentimos. Si estamos enfadados o deprimidos nuestro sistema inmunológico se debilita por estar liberando las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés. Por el contrario, si nos serenamos, se fortalece. La alegría y el sentido del humor activa nuestra corriente sanguínea agilizando sus funciones hasta el punto más recóndito de nuestro ser, y sobre todo mantener los “malos” pensamientos a raya, de tal modo que incluso el proceso de envejecimiento puede ser ralentizado. Tu cuerpo es hoy como consecuencia de lo que pensabas y sentías ayer, si quieres estar mucho mejor mañana, sería conveniente que hicieras algunos reajustes en tu forma de pensar y sentir hoy. Tal vez, después de todo, en eso consista el elixir de la eterna juventud. ¿Por qué no intentarlo?.
Nuestra sugerencia es encontrar maneras de conseguirlo restablecer tu salud emocional. Es tu responsabilidad, tus emociones no son más grandes que tú.
Uno es su propia herramienta con la que construye su propia vida, vale la pena mantenerla en buen estado, y eso depende solamente de uno mismo. Realmente vales la pena.

viernes, 6 de marzo de 2009

El Poder de Decidir

Decide por tí mismo.

Es posible que no seamos capaces de controlar las fuerzas de la naturaleza, las llamadas crisis económicas y demás acontecimientos externos, pero al menos,-y no es poco-, si podemos controlar cómo reaccionar ante ellas. No podemos controlar las fluctuaciones en la economía, pero podemos controlar su influencia en nosotros, sobre todo si le damos un nuevo significado, un poco más alentador que el de las noticias diarias, pues al fin y a la postre ellas son las que engordan los bolsillos de unos pocos a costa de sembrar la Apocalipsis en el sentir de la población.
La cultura del miedo, esa es la que impera a sus anchas desde hace siglos en los cinco continentes, pues de todos es sabido que la manera de obtener los mejores resultados para que los poderos sigan en el poder (político, religioso, financiero, de salud, de la comunicación, etc) es mantener al pueblo sometido bajo su dominio a través del miedo, aprovechándose de su ingenuidad e ignorancia.
Y con todo esto no estoy diciendo que hay que vivir al buen tuntún, pero si estoy diciendo que sepamos diferenciar el miedo de la prudencia. Mientras la prudencia es la consecuencia de aprendizajes anteriores que nos incita a actualizar y reajustar nuestras conductas para ser eficaces en el presente, el miedo, a modo de impronta mental, carece de sentido y nos paraliza haciéndonos cada vez más pequeños e insignificantes.
Y es que tal vez hayamos dejado de ser ingenuos para convertirnos en seres desconfiados, pero no es tan seguro que hayamos alejado la ignorancia de nuestras vidas, pues creemos lo que queremos creer, y la ignorancia sólo se combate con evidencias y no solamente con creencias. Si hemos dejado la ingenuidad tal vez nos conviniera recuperar la inocencia de los niños (aunque con el modelo que les estamos mostrando, los niños ya están dejando de ser inocentes...), y si todavía estamos apegados a la ignorancia, dejemos de estarlo y adquiramos una nueva cultura, la cultura humanista de conocerse uno mismo para llegar a ser el que desea ser y no lo que desean los demás. Eso supone recurar la confianza en el Ser Humano, es el único que puede salvar a la Humanidad.
Se dice que ser eficaz es hacer las cosas correctamente y ser eficiente es hacer lo correcto. Y es que uno puede asesinar, violar, extorsionar, etc. correctamente y ser muy eficaz, pero...¿es eso hacer lo correcto?. Por otro lado hacer lo correcto supone equivocarse muchas veces, no hacerlo correctamente al principio, pero si persistes y te entrenas llegarás a ser un virtuoso en ser eficaz.
Las emociones están condicionadas por nuestros mapas mentales, podemos alimentar pensamientos que nos mantienen en la desdicha, o esos otros que nos aportan la serenidad necesaria para encontrar nuevas soluciones. De nosotros depende que nuestros estados de ánimo nos lleven a sentir el añorado sosiego que todos merecemos disfrutar. Podemos eliminar el sufrimiento gratuito de nuestras vidas, tener control sobre los acontecimientos en vez de que los acontecimientos nos controlen a nosotros.
Fue el Dr. Ramón y Cajal quien dijo: “El cerebro es como una máquina de acuñar moneda, si le introduces metal basura, sacará monedas basura, pero si le introduces oro, acuñará valiosas monedas de oro”. Si permitimos que los pensamientos destructivos se introduzcan en nuestro cerebro, nuestras emociones serán destructivas, repercutiendo en nuestras relaciones y en nuestra salud, (mejor dicho, en nuestra falta de salud); pero si aprendemos a manejarnos desde nuestros pensamientos más gratos y edificantes, nuestra emociones también lo serán y nuestros sistemas inmunológico y endocrino funcionarán con total fluidez, sin obstáculos, manteniéndonos en el bienestar y favoreciendo que nos sintamos con un mayor empuje para hacer frente a esas situaciones en las que a nadie le gusta estar, pero que, no obstante, al salir de ellas lo hacemos mucho más fortalecidos.
Consideremos, pues, que las emociones destructivas o negativas son las que nos paralizan y nos dañan, obteniendo como consecuencia que hagamos daño a otras personas, -recordemos que si la risa es contagiosa, la tristeza, la rabia y el resentimiento también lo son-, son las emociones que nos hace vulnerables ante los predadores. Por el contrario, las emociones constructivas o positivas son las que nos mantienen en un estado de autoconfianza y repeto por nosotros mismos.
Nadie está condenado a la escasez, al fracaso o a la enfermedad, a priori, podemos cambiar eso si nos lo proponemos. Uno no está condenado a seguir siendo siempre aquel en que se ha convertido como consecuencia de su historia, de sus costumbres, incluso de sus creencias, de sus decisiones -más o menos acertadas- que le han traído hasta aquí; uno puede cambiar eso, puede decidir otra cosa y llegar a ser la gran persona que soñó ser. Hora es ya de empezar a recorrer el camino que nos lleve allí.
Esto es lo bueno de las crisis, que nos dan la oportunidad de cambiar de rumbo llevando nosotros mismos el timón de nuestra propia vida, tomando nuestras propias decisiones. En fin, sabiendo que siempre estamos eligiendo, incluso al dejar de decidir elegimos que los demás decidan por nosotros ¿quién te garantiza que nos lo van a acertar?. Decide por tí mismo, es lo correcto, que no te importe equivocarte, eso es aprender, porque siempre puedes rectificar, y una vez consigas lo que te has propuesto puedes gritar: ¡Valió la pena!.
Mascal. Marzo'09